Evaluaciones

El día de hoy fue la primera evaluación de todo el ciclo. Al menos una de las más importantes, porque todos los días estamos bajo evaluación escrita/oral. Resultado fatal. Muy a menudo me resulta deprimente tomar un examen, no por cómo lo enfrento, sino por los resultados que obtengo. Es cierto, no soy el alumno más destacado de la clase, generalmente soy de perfil bajo y casi desapercibido, pero estoy cansado de aquello.

No es que dicha conclusión tome notoriedad ahora, gran parte del tiempo me dedico a cambiar dicho panorama, pero no obtengo lo que deseo. Ese deseo de tener la consigna de estar aprendiendo solo se ha cumplido en pocos momentos, tan fugaces que... probablemente parece que nunca existió.

Por eso me gustaría dejar de estudiar Medicina. Solo por eso. No me incomodan los pacientes, los hospitales, las instalaciones... Me incomoda tener el presentimiento de que no pertenezco ahí, de que mis conocimientos y criterio no sean lo suficientemente válidos como para involucrarme sin joderlo todo.

No quiero perjudicar a un paciente, es una vida, es un hombre/mujer que probablemente tenga infinidad de metas por cumplir, ¿quién soy yo para detener todo eso? Me parece gracioso/curioso que sentimientos así despierten en la actualidad, aún sobretodo cuando me conocen por iracundo y egoísta. Y pues joder las posibilidades de recuperación por ignorancia es distinto a fallar cuando se hace todo lo posible.


Actualmente no me nace ser conocido y exitoso. Solo quiero no cagarla y guardar culpa por lo acontecido.

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Relaciones

Finaliza la primera semana de clases en el hospital, y por lo que veo, es muy diferente a las recibidas en la universidad. Si bien en el pasado he conocido doctores, ellos estaban supeditados a las órdenes de la casa de estudios, total, la oficina de quejas estaba a pocos pasos del alumno. Ahora, si bien aún existe la universidad como autoridad, el hospital y los doctores tienen carta abierta para ejercer la docencia como deseen, porque son más importantes los pacientes que los alumnos, definitivamente.

Siempre he leído sobre la RMP (Relación Médico Paciente), cómo cada integrante tiene derechos y deberes, sus beneficios y la empatía necesaria en la comunicación. Las miradas, los gestos, y ni qué decir sobre el lenguaje y la presentación son importantes. Sin embargo, jamás he escuchado sobre la RME (Relación Médico Estudiante). Dudo que las variables sean tan distintas, pero conocerla en concreto permitiría afianzar la docencia.

Necesito su experiencia, saber cómo llegar al paciente sin llegar a ser "franelero", hacerme escuchar, estudiar para no emitir sinrazones, tener criterio y no quedar en ridículo, entre otras cuestiones que me tienen algo ahorcado. Comprendo que con el tiempo se aprende, pero cada ciclo de enseñanza tiene sus propias metas y habilidades por desarrollar que no me gustaría quedarme atrás. Ya no. Uno de mis defectos es la sensación de pérdida, por lo que no importa cuanto estudie, usualmente me quedo en blanco. Y no, no es nerviosismo ni miedo, probablemente es frustración.

Por el momento, debo "ganarme" a los doctores para seguir aprendiendo. Podrán tener la docencia como vocación, pero si te ven indispuesto, muchas gracias y adiós.

Sala San Andrés

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Sedes

El Auditorio está repleto de estudiantes, todos ellos finalmente logran pasar a 4° año de carrera. No todos empezaron el 2010, pero están finalmente ahí, con el cuerpo gastado (pues 3 años o más no pasan en vano) pero con esos ánimos (creo) de empezar una nueva etapa.

El bullicio es permanente, muchos titubean entre sí al hablar de esos 8 hospitales que posiblemente nos podrá tocar. Otros están, como yo, callados, porque no nos gusta angustiarnos más de la cuenta. El proyector lanza una imagen con una hoja de datos con todo el alumnado, cada quien empieza a levantarse y grita un número (en referencia a cada hospital) y muchos sacan hoja y lápiz para analizar probabilidades de alcanzar una plaza.

Hace 3 años tuve que tomar la decisión de pertenecer a una universidad que nunca quise. Hoy, siento que ese momento está cambiando. Hoy sí tuve la oportunidad de elegir (aunque un tanto limitada, pero la tuve) y estoy contento con la decisión que tomé. Sin embargo, experimenté nuevamente esa sensación de frustración de finales del 2009.

Son 3 años, hombre. 3 años. Ahora ya tienes casi 20. Comenzaste el 2010, año de nuevas amistades (muy buenas), llegué con el ego destruido, mi depresión mantenía un cuadro permanente a lo largo de la semana, mi padre falleció a finales de ese año, busqué todos los medios para que me expulsaran de la universidad, pero mi yo-responsable, ese yo-dedicado que tengo con cada actividad que emprendo pudo más.

El 2011 empezó a agradarme la carrera, el estrés estuvo más presente que nunca, experimenté las primeras y largas anochecidas, las metidas de pata en el anfiteatro o en los laboratorios, empecé a explorar más mi sexualidad y abrí de a pocos mi corazón a esas personas especiales que a uno siempre les rodea. Ese deseo de dejar la carrera se presentó como nunca, pero un detalle resaltó: si el 2009 me la pasé llorando porque brindaba cierta calma a mis problemas, ese 2011 me la pasé de forma fría enfrentándolos. No lloro desde el entierro de mi padre. Sospecho que mi glándula lagrimal se está tomando unas buenas vacaciones.

El 2012 fue un año tibio. Un año mediocre. Me frustré por cada instante, cada llamada de atención, inclusive por cada felicitación. Algunos sostienen que el tercer año de esta carrera es, si bien demandante como cualquier otro año, un puente medio de emociones entre lo que pasó y está por venir. Es más frecuente la depresión y las ganas de retirarse. Lo único que puedo resaltar de ese año fue el haber conocido a una muy buena psiquiatra. Sus clases fueron de ensueño. Comprendí cómo es ser humano, una revolución de ideas que si bien limitadas a la hora y media de clase, analicé durante todo el ciclo.

Hoy sí tuve la oportunidad de elegir. Me levanté decidido y grité: "2". Registré mi plaza. Después de 3 años tuve que tomar la decisión de seguir estudiando una carrera que no amo, pero que sí respeto demasiado.

Hospital Nacional Dos de Mayo, gracias.

HNDM - Lima - Perú

Ubicación: Hospital Dos De Mayo, Aviacion, Lima, Perú
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Bronceado

Nunca voy a la playa de día, a lo mucho la he visitado por las noches debido a que el sol me parece sofocante, y esto se asienta en verano aún más.

Verano es una época poco agradable para mí, prefiero el invierno. Si en invierno tengo la libertad y costumbre de andar en polo, en verano ya no sé qué hacer.
Con el paso del tiempo, el uso de polos en verano ha hecho que las únicas zonas bronceadas de mi piel sean los brazos, el cuello y mi rostro. Cuestión que he ido aceptan sin problemas, total, nunca he tenido esa necesidad de andar en la playa o donde fuese sin el polo (aunque debo decir, que últimamente me gustaría mejorar mi figura y lucirla, como se debe, la juventud finalmente algún día termina, ¿no?)..

Sin embargo, dicha "cuestión" ahora sí me causa cierta incomodidad. Acabo de retomar la natación.

Por primera vez nadaré en una piscina olímpica, y hoy, al ver el panorama, resulta que encuentro cuerpos esbeltos y bien bronceados. Nadan rápido y con buen estilo, detalles que dejé de practicar cuando lo dejé hace año y medio. Pensándolo bien, haré este deporte de forma permanente.

¿Broncearme o no broncearme?

Izq: Pierna / Der: Brazo D:


Ubicación: Lima, Perú
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